Lucas llegó a la entrada del palacio. Le habían informado que el duque Belmont finalmente había llegado y, ante la ausencia de su rey, a él le tocaba recibirlo. Además, tenía la orden clara de mantenerlo distraído hasta la presentación oficial de Sienna.—Bienvenido, duque Belmont —dijo Lucas con respeto. Sin embargo, no le dedicó una reverencia; como beta del rey, solo ante Maximiliano Kaine agachaba la cabeza.El duque lo miró con fijeza, la fuerza de su sangre antigua pesando en el aire, aunque sin alcanzar la autoridad aplastante del rey.—Beta Lucas, ¿dónde está la mujer que se atrevió a ofender a mi hermana? —preguntó directamente, sin intenciones de perder el tiempo.—Atendiendo al rey en estos momentos —respondió Lucas, sin darle rodeos—. Como sabe, hace unos días fue la noche sin luna.El duque Belmont soltó una risa seca, cargada de desdén.—Ya debió haber terminado… Ninguna loba puede durar tanto tiempo con el rey lycan.Lucas se mantuvo neutro, sabía perfectamente que Sien
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