Maximiliano apretó los puños al escuchar a la albina. Dirigió la mirada hacia Axel y Lucas; ambos estaban confundidos, pues no entendían de qué hablaba aquella mujer.—Por favor, no tengo a dónde ir… —dijo ella con la voz quebrada—. Saben que escapé, piensan que yo tengo la llama... Por favor, ayúdame. Eliza me mandó contigo, dijo que tú podrías ayudarme…Maximiliano cerró los ojos y negó con la cabeza. No creerle sería una tontería de su parte; acababa de mencionar a la madre de las Nytharas, una loba que era tan antigua como él y que ahora, al parecer, había muerto.—Te quedarás aquí con Axel —ordenó, mirando fijamente al gamma.—Como ordene, mi rey —dijo Axel, ya más calmado.La albina miró de reojo a Axel y suspiró.—Me enteré… de que ella volvió —susurró, bajando la mirada de nuevo.—Así es… —respondió Maximiliano.La albina asintió ante su afirmación. Sabía que tal vez el ataque a su hogar se debía al regreso de la pareja destinada del rey lycan, pero no podía culparla; después
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