Sienna estaba acostada en la cama, envuelta en las sábanas. Sentía su cuerpo arder de deseo; no podía dejar de pensar en Maximiliano, en estar en sus brazos, en ser cogida salvajemente por la bestia.
—Mierda… —gruñó.
No se imaginó que el celo del rey lycan le afectara tanto. Incluso sentía que era más sofocante que cuando ella misma tenía su propio celo.
Su mente empezó a mostrarle extrañas imágenes, destellos de recuerdos que no le pertenecían.
Ahí estaba él. Maximiliano, imponente y majestuos