Alma sintió la tensión en el aire, Calina Romanov seguía de pie junto a la piscina, con la espalda recta y la expresión gélida, mientras Svetlana repetía con inocencia infantil aquellas palabras que habían congelado el momento: “¡Alma será mi mamá!”.Todos estaban en silencio, Alma entendió inmediatamente que aquello se estaba convirtiendo en un asunto familiar profundo, de esos que los Romanov resolvían con miradas afiladas y no era su deber intervenir.Le sonrió a Svetlana.—Voy a la cocina a buscar algo de beber —murmuró, acariciando el brazo de su prometido—. Los dejo para que hablen.Nikolai la miró con intensidad, como si no quisiera soltarla, pero asintió. Sus dedos rozaron su cintura un segundo más antes de dejarla ir, Alma caminó descalza por el sendero de piedra que llevaba a la casa principal.Entró por la puerta lateral que daba directamente a la amplia cocina de la finca. —Felicidades por tu anillo —la sorprendió una voz en el momento que tomaba una botella de agua.Mikh
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