ZAYED
Llevaba dos horas frente al mismo documento y no había leído ni una línea.
Se suponía que para hoy debía tener listo el avance del proyecto. Mi equipo lo esperaba. Mi agenda lo exigía. Y yo estaba ahí sentado, con la mirada clavada en la pared, hirviendo por dentro.
Enojado con Mariana. Enojado conmigo mismo.
Le traje a su hija desde el otro lado del mundo. Le traje a su amiga para quitarle el peso del trabajo. Le ofrecí la cama. Le ofrecí, sin decirlo con esas palabras, dejar de pelear.