MARIANA
Salí al jardín con Valentina de la mano, a cumplir una promesa.
—¿Y los naranjos, mamá? ¿Dónde están los naranjos?
—Por allá, mi amor. Ya vamos.
Pero antes de llegar a los árboles, las encontré a las dos. Layla y Gabi, sentadas en una de las bancas de piedra, riéndose como si se conocieran de toda la vida. Mi cuñada y mi mejor amiga. Dios nos ampare.
—¡Mira quién despertó! —Gabi abrió los brazos—. La señora jequesa.
—No empieces. —Me acerqué—. Veo que ya se conocieron.
—Tu amiga es un e