MARIANA
La noche cayó y yo estaba poniéndole la pijama a Valentina, recién bañada, con el cabello húmedo y oliendo a jabón de bebé.
—Y eso no es todo. —Gabi estaba sentada en la cama, viendo su teléfono con una sonrisa enorme—. Mari, te tengo noticias. Buenas, para variar.
—Necesito buenas. Dame.
—Después de la boda de Nadia, nos llovieron mensajes. —Levantó la pantalla—. Ya nos contrataron para dos eventos más. Aquí, en Dubái. Dos. La gente vio tu trabajo en esa boda y se peleó por nosotras. —