MARIANA
—Fue una gran actuación.
Las palabras me cayeron encima como agua helada.
Zayed todavía tenía las manos en mi rostro, los labios a un centímetro de los míos, la respiración entrecortada. Pero su voz había vuelto a ser la de siempre. Tranquila. Calculada.
—¿Qué? —apenas pude decir.
—Un par de paparazzi. —Inclinó apenas la cabeza hacia la izquierda, sin soltarme—. En el muro del fondo. Llevan un rato con las cámaras. Mañana vamos a estar otra vez en todos lados. La pareja perfecta, besánd