ZAYED
Llegue a Abu Dabi con una sola idea en la cabeza: cerrar el asunto de las navieras del jeque Bin Saqr en un par de horas, subirme al avión y estar en casa a las siete, como le prometí a Mariana. Con tiempo de sobra para arreglarme, aguantar la fiesta de mi padre y no soltarle la mano en toda la noche.
Me recibieron los apoderados de Bin Saqr; el viejo no estaba, "tenía un compromiso familiar ineludible en Dubái esa noche". Tres abogados y un director, todos sonrisas.
Una cláusula de segur