GABI
Llevaba media hora escondida detrás de los árboles de la entrada, como una acosadora de las de manual, esperando a que Khalid llegara a la casa.
Y no me daba ni vergüenza. Después de dos días viendo a mi mejor amiga humillada delante del mundo entero, se me acabó la vergüenza y la paciencia al mismo tiempo.
El auto de Khalid entró por el portón cuando ya oscurecía. Lo estacionó bajo la palmera de siempre. Y en cuanto abrió la puerta y sacó un pie, salí de entre los árboles y lo agarré de l