MARIANA
Subí a la habitación y saqué la maleta antes de que mi madre terminara de cerrar la puerta.
—Nos vamos —dijo ella—. Esta noche, Mariana. No pienso dejarte dormir bajo el techo del hombre que te acaba de escupir delante de doscientas personas.
—Ya lo sé, ma. —Abrí el clóset—. Ayúdame con lo de Valentina.
Mi madre se quedó parada un segundo, esperando la pelea que no llegó.
—¿Así nada más?
—Así nada más.
Porque no había nada que discutir.
Yo no me iba huyendo. Que quede claro. Yo no soy d