MARIANA
Amanecí en una cama que no era la mía, en una casa que no era la mía, y por un segundo, antes de abrir los ojos, se me olvidó todo. Estiré la mano buscando a Zayed.
No estaba.
Y entonces me acordó de golpe. La fiesta. El anuncio. La firma. El auto negro. Las cámaras.
Me levanté antes de que el peso me aplastara del todo.
Cuando salí al pasillo, ya había un desfile.
Dos muchachas del servicio subían cajas. Cajas y cajas. Una torre de regalos envueltos con moños, apilados en la sala de la