—¡No voy a permitir que manden a Jesslyn a un orfanato!La voz de Harper resonó en la amplia y fría sala de la mansión Collins. Respiraba agitada, conteniendo la rabia que le había encendido la decisión de su madre.En una esquina del sofá, Jesslyn se sobresaltó asustada. La niña abrazó con más fuerza su oso de peluche desgastado y escondió la cara, temblando.Elizabeth Collins soltó un largo suspiro y puso cara de aburrimiento, como si ya estuviera harta de tanto drama.—Estás exagerando, Harper —dijo con frialdad—. Solo hacemos lo que es mejor para la familia.—¿Mejor? —Harper soltó una risa amarga, sin poder creérselo—. ¡Jesslyn tiene solo cinco años!—Y sigue siendo la hija sin padre que avergüenza a esta familia —replicó Elizabeth con dureza.Aquellas palabras hicieron que Harper apretara los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos.Desde que Brianna murió en el parto, los Collins nunca habían aceptado realmente a Jesslyn. Para ellos, esa niña era una mancha que destr
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