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CAPÍTULO 3 — El Nombre que Finalmente se Descubrió

El despacho volvió a quedar envuelto en silencio después de que Marcus terminara su informe. Darian permanecía de pie junto a la ventana, dejando que el cigarrillo se consumiera lentamente entre sus dedos.

Su mente no dejaba de dar vueltas a lo mismo.

Jesslyn. Esa niña pequeña que incluso dormida tenía que abrazar un oso desgastado por miedo a perder su único punto de apoyo. Y Harper… esa mujer que había renunciado a toda la comodidad de su familia sin llevarse nada, solo para proteger a la niña.

Darian soltó lentamente el resto del humo del cigarrillo. En toda su vida había visto demasiadas veces cómo la gente se traicionaba por dinero. Pero Harper había hecho exactamente lo contrario.

¡BRAK!

El puño de Darian golpeó con fuerza la superficie de la mesa de madera, haciendo que Marcus se pusiera firme de inmediato.

—Tenían pensado tirar a una niña de cinco años a un orfanato —dijo Darian con voz baja y peligrosa—. Solo porque temían que su preciosa reputación familiar quedara manchada.

Marcus decidió permanecer callado. Sabía perfectamente que esa aparente calma de su jefe era la antesala de una furia contenida.

—Continúa investigando a la familia Collins —ordenó Darian—. Quiero saber quién tiene el mayor control en su empresa en este momento.

—Entendido, señor.

Después de que Marcus se retirara, el silencio volvió a apoderarse de la habitación. Darian se masajeó las sienes con lentitud. Durante los últimos años, dormir bien se había convertido en un lujo raro para él. Y esa noche, su mente se negaba aún más a descansar.

A la mañana siguiente, el ambiente en la mansión se sentía ligeramente distinto. Por primera vez en mucho tiempo, se oían pasitos pequeños corriendo suavemente por los pasillos.

Jesslyn estaba de pie frente a un gran espejo de cuerpo entero, sujetando con mucho cuidado el borde de su nuevo vestido color crema. Sus ojos brillaban de emoción.

—Harper… —llamó en voz baja, sin apartar la vista del espejo—. ¿Esto… de verdad es de Jesslyn?

Harper, que estaba arreglándose el cabello, se giró y sonrió con ternura.

—Sí, cariño.

Jesslyn volvió a mirar el vestido que llevaba puesto.

—Es muy bonito…

La forma en que la niña observaba esa prenda tan sencilla le oprimió el pecho a Harper. Como si en sus cinco años de vida, Jesslyn nunca hubiera tenido algo que realmente le perteneciera.

—¿Puedo usarlo siempre? —preguntó Jesslyn con inocencia.

Harper soltó una risita suave, intentando contener la emoción.

—Si lo usas todos los días, se va a ensuciar.

Jesslyn se quedó pensando seriamente unos segundos y luego asintió con convicción.

—Entonces Jesslyn tiene que ponérselo con mucho cuidado.

Harper le acarició con suavidad la cabeza. Pero antes de que pudiera responder, se oyó un suave toque en la puerta entreabierta. Una empleada de mediana edad estaba allí, con actitud respetuosa.

—Señorita Harper, el señor Darian las está esperando en el comedor.

Harper asintió cortésmente.

—Gracias.

En cuanto la empleada se dio la vuelta, Jesslyn se acercó rápidamente a Harper y agarró el borde de su blusa.

—¿Vamos… a volver a ver al tío de anoche?

—¿Te da miedo?

Jesslyn dudó un momento antes de hacer un pequeño gesto afirmativo. Harper se agachó de inmediato para quedar a su altura.

—El tío Darian no te va a hacer daño, Jesslyn.

La niña pareció sopesar las palabras de Harper, todavía no del todo convencida.

—¿Es… una buena persona?

Esa pregunta tan sencilla dejó a Harper sin palabras por un segundo. Su mente regresó a todo lo que Darian había hecho desde la noche anterior: llevarlas al hospital, darles un techo, incluso encargar ropa nueva para Jesslyn sin hacer mucho ruido.

—Quizá —respondió Harper finalmente, eligiendo una respuesta segura.

El comedor de la mansión resultaba demasiado grandioso para solo tres personas. La luz del sol de la mañana entraba por los altos ventanales e iluminaba la larga mesa de mármol negro.

Darian ya estaba sentado cuando Harper y Jesslyn entraron. Acababa de servirse café cuando vio a Jesslyn acercarse abrazada a su oso de peluche.

—¿Dormiste bien? —preguntó Darian, rompiendo el silencio matutino.

Jesslyn se detuvo en seco, sorprendida de que él le hablara primero.

—Sí… —respondió con una vocecita casi inaudible.

Después de ese breve intercambio, el ambiente volvió a quedar en silencio. Harper se sentó al lado de Jesslyn, observando discretamente cada movimiento de Darian. El hombre hablaba poco, pero curiosamente, el miedo de Jesslyn ya no parecía tan intenso como la noche anterior.

Unos minutos después, Jesslyn empezó a retorcer el borde de su vestido con sus deditos.

—Tío…

Darian bajó un poco el periódico que estaba leyendo.

—¿Hm?

—Gracias… por el vestido.

La mano de Darian, que iba a levantar la taza de café, se detuvo un segundo.

—¿Te gusta?

Jesslyn asintió con entusiasmo, con los ojos brillando de sinceridad.

—Me gusta mucho.

Darian se recostó contra el respaldo de la silla con naturalidad.

—Entonces luego compraremos más.

Los ojos de Jesslyn se abrieron como platos.

—¿Más?

Harper casi se le escapó una risa al ver la expresión inocente de su sobrina, y Darian se dio cuenta. Por primera vez desde que habían llegado a esa casa, la tensión en los hombros de Harper pareció aflojarse un poco. Ya no parecía una fugitiva lista para escapar con Jesslyn en cualquier momento.

—Resulta que Harper tenía razón… —murmuró Jesslyn sin malicia.

Darian levantó ligeramente una ceja.

—¿Qué dijo ella?

—Que el tío es una buena persona.

Harper bajó la cabeza de inmediato, fingiendo estar muy concentrada en su plato para ocultar su incomodidad. Al otro lado de la mesa, la comisura de los labios de Darian se curvó en una sonrisa apenas contenida.

Después del desayuno, Jesslyn jugaba en el jardín trasero acompañada de dos empleadas. Sus risitas llegaban suavemente hasta la terraza. Harper estaba apoyada en una columna, observando a la niña con mirada nostálgica. Hacía muchísimo tiempo que no la veía jugar tan libre y feliz.

—Eres muy importante para ella —dijo una voz profunda a su lado.

Harper giró la cabeza y vio que Darian se había colocado junto a ella, mirando también hacia el jardín.

—Jesslyn solo me tiene a mí en este mundo —respondió Harper con tono neutro.

Esa respuesta dejó a Darian callado unos segundos.

—Ya me enteré de todo sobre la familia Collins.

Harper sonrió con amargura, sin apartar la vista del frente.

—Entonces también sabes que nunca quisieron a Jesslyn desde el principio.

Darian metió una mano en el bolsillo del pantalón.

—Aguantaste bastante tiempo en esa casa.

—Siempre pensé que con el tiempo llegarían a quererla. Jesslyn siempre se esforzaba por ser una niña buena. —Harper suspiró profundamente, con los ojos brillantes mientras veía a Jesslyn correr por el césped—. Pero estaba equivocada.

Una brisa matutina sopló suavemente, moviendo algunos mechones del cabello de Harper. Tras un breve silencio, ella volvió a hablar:

—Cuando salgan los resultados de la prueba de ADN… me iré.

Darian giró la cabeza por completo y la miró con intensidad.

—¿Irte adónde?

—Aún no lo sé. A cualquier parte.

—¿Estás hablando en serio de dejar a Jesslyn después de todo lo que has hecho por ella?

Harper frunció el ceño y lo miró con una mezcla de emociones que empezaban a pesarle en el pecho.

—No la estoy abandonando. Tú eres su padre biológico. Tienes todo para darle una vida mucho mejor de la que yo podría ofrecerle.

Darian no respondió de inmediato. La miró fijamente a los ojos durante varios segundos antes de preguntar con voz baja:

—¿Estás segura de que esa es la verdadera razón?

Esa pregunta dejó a Harper sin palabras. Por un instante, sintió que Darian podía ver el miedo más profundo que ella intentaba ocultar.

—Es solo que… —Harper apartó la mirada y soltó un suspiro pesado—. Ya no tengo nada, Darian.

Antes de que Darian pudiera contestar, el sonido de pasos apresurados interrumpió la conversación. Marcus se acercaba con un sobre gris en la mano.

—Señor —llamó formalmente.

El ambiente en la terraza se volvió tenso de inmediato. Marcus le entregó el documento sin decir nada más. Harper contuvo la respiración mientras Darian abría el informe de la prueba de ADN.

Los ojos de Darian recorrieron lentamente cada línea hasta detenerse en la última página.

El hombre se quedó inmóvil. Un silencio pesado cayó sobre ellos.

En el fondo del jardín, Jesslyn seguía riendo alegremente mientras corría, sin tener idea de que su destino acababa de cambiar por completo.

Darian cerró el documento con lentitud.

—Es mi hija.

Dos palabras que cayeron con un peso enorme, cambiando toda la dinámica del lugar. Harper se cubrió la boca con una mano, sintiendo que el pecho se le apretaba por una avalancha de emociones encontradas.

Sabía que debería estar feliz. Jesslyn por fin tenía un padre que no la vería como una vergüenza. Pero al mismo tiempo, una amarga realidad la golpeó: su lugar en la vida de Jesslyn tal vez nunca volvería a ser el mismo después de ese día.

Harper giró rápidamente la cara hacia otro lado, intentando contener las lágrimas que amenazaban con salir. Sin embargo, ese movimiento no escapó a la mirada de Darian.

—No voy a permitir que nadie vuelva a hacerle daño a mi hija a partir de hoy —dijo Darian con voz baja pero firme.

Tras una breve pausa, añadió:

—Incluida tú, Harper… si sigues pensando que debes cargar con todo esto tú sola.

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