Mundo ficciónIniciar sesiónDentro de la habitación de invitados, Harper estaba sentada al borde de la cama observando a Jesslyn, que dormía profundamente. La niña aún agarraba con fuerza el borde de la ropa de Harper, incluso mientras dormía. Como si temiera que ella desapareciera en cuanto abriera los ojos.
Harper le acarició suavemente el cabello y soltó un largo suspiro. El día había sido agotador; en cuestión de horas, el destino de sus vidas había dado un giro total.
Jesslyn había encontrado a su padre biológico, pero Harper aún no estaba segura de si esa realidad traería felicidad o solo abriría la puerta a nuevos problemas.
Un suave toque en la puerta la sacó de sus pensamientos. Al girarse, vio a Darian de pie en el umbral.
—¿Interrumpo? —preguntó él en voz baja.
Harper dudó un segundo antes de negar con la cabeza.
—No.
Darian entró con pasos lentos y se detuvo junto a la cama. Su mirada se posó de inmediato en los deditos de Jesslyn, que seguían aferrados a la ropa de Harper. La niña ni siquiera se daba cuenta de que apretaba más fuerte cada vez que Harper se movía.
—Realmente tiene miedo de perderte —dijo Darian en voz baja.
Harper esbozó una sonrisa triste.
—Jesslyn se ha sentido sola demasiadas veces en su vida.
El silencio se instaló entre ellos durante unos instantes.
—Necesito hablar contigo —añadió Darian.
Harper miró a Jesslyn un momento y luego se levantó con mucho cuidado, intentando liberar los deditos que sujetaban su ropa. La niña se removió inquieta en sueños, y Harper se quedó inmóvil. Solo cuando se aseguró de que volvía a dormir plácidamente, salió de la habitación siguiendo a Darian.
Se detuvieron en un pequeño balcón al final del pasillo del piso superior. El viento nocturno soplaba con fuerza, trayendo un frío intenso.
Pasaron varios segundos sin que ninguno hablara.
Harper decidió romper el silencio primero.
—Ya lo he pensado todo.
Darian la miró fijamente, esperando en silencio.
—Cuando todo esto termine aquí… me llevaré a Jesslyn conmigo.
La respuesta de Darian llegó rápida y contundente:
—No.
Harper lo miró con evidente molestia.
—Aún no he terminado de hablar, Darian.
—Yo tampoco he terminado de ser su padre.
El ambiente en el balcón se tensó de inmediato. Darian se pasó una mano por la nuca, intentando controlar sus emociones antes de continuar con un tono más bajo:
—Acabo de encontrarla. Ni siquiera sé cuál es su comida favorita.
Esa confesión sincera dejó a Harper sin palabras. Por primera vez, Darian no sonaba como el hombre poderoso que siempre lo controlaba todo.
—No tengo ninguna intención de apartar a Jesslyn de ti —dijo Harper, suavizando su voz—. Puedes verla cuando quieras.
—No es ese tipo de relación lo que quiero.
—¿Entonces qué? —Harper empezaba a frustrarse—. Jesslyn ha vivido conmigo estos cinco años. No puedo simplemente hacer las maletas y dejarla con un desconocido.
Darian la miró a los ojos durante varios segundos antes de responder:
—Nunca te he pedido que te vayas.
Harper se quedó callada. En realidad entendía perfectamente hacia dónde iba la conversación, y eso era precisamente lo que complicaba aún más toda la situación.
—Solo no quiero que Jesslyn sufra más —susurró Harper, bajando la mirada al suelo del balcón—. Tu madre… está claro que no le gusta mi presencia aquí.
Darian se apoyó con naturalidad contra la barandilla.
—Mi madre solo necesita tiempo para acostumbrarse a esta situación repentina.
Harper soltó una risa corta y sin humor.
—Por lo que oí, eso significa exactamente lo contrario.
Darian no lo negó, porque sabía que Harper tenía razón. Rosalie no iba a aceptarlas con los brazos abiertos. Mientras el estatus de Harper en la mansión no estuviera claro, la presión de la familia Vane solo aumentaría.
Y por otro lado, Jesslyn ni siquiera podía dormir tranquila sin Harper a su lado.
Darian suspiró lentamente antes de decir:
—Hay una forma de hacer que todo esto sea mucho más sencillo.
Harper levantó una ceja, desconfiada.
—¿Cuál?
Darian guardó silencio unos segundos, como si estuviera midiendo el peso de sus próximas palabras. Finalmente habló:
—Cásate conmigo.
Harper se quedó congelada.
—¿Qué?
—Un matrimonio por contrato —aclaró Darian, manteniendo un tono calmado y racional—. Al menos hasta que toda la situación y nuestras posiciones se estabilicen.
Harper lo miró con incredulidad.
—¿Estás loco? ¿Hablas en serio?
—Mi madre cree que eres la madre biológica de Jesslyn —respondió Darian, sosteniéndole la mirada con firmeza—. Y por ahora, es mucho más seguro que todos fuera de aquí sigan creyendo eso.
Harper negó rápidamente con la cabeza.
—No. No quiero involucrarme más en los problemas de la familia Vane.
—Ya estás involucrada desde que Jesslyn entró en esta casa.
Harper se quedó sin argumentos.
Darian dio un paso más cerca.
—Si nos casamos legalmente, nadie tendrá el poder legal para separarte de Jesslyn. —El silencio volvió a caer entre ellos—. Sé… que Jesslyn siempre te elegiría a ti —añadió en voz baja.
Esa frase golpeó directamente el pecho de Harper, porque sabía que era verdad.
—El matrimonio no es un juego que puedas organizar a tu antojo —susurró Harper con voz temblorosa.
—Lo sé.
—Para ti, todo esto suena como una fría decisión de negocios.
Darian se quedó callado un momento, mirando hacia la distancia.
—Quizá porque no estoy acostumbrado a explicar las cosas de otra manera.
Harper se sorprendió un poco al oír esa confesión sincera.
—Solo… —Darian hizo una pausa— no quiero que Jesslyn vuelva a sentir que pierde su hogar y su refugio.
El viento nocturno sopló de nuevo, moviendo la ropa de ambos. Por primera vez, Harper vio un lado de Darian diferente a los rumores que circulaban: frío, duro y temible. Entendió que él actuaría según la situación.
—No voy a aceptar ser una marioneta de la familia Vane —dijo Harper al fin, poniendo un límite claro.
—No lo serás.
—Tampoco quiero que Jesslyn sea tratada como una carga o una vergüenza para tu familia.
—Eso no va a pasar mientras yo esté aquí.
—Y tu madre…
—Yo me encargaré de mi madre. —La respuesta de Darian sonó definitiva.
Harper lo miró durante un largo rato, intentando leer cualquier duda en su rostro. Darian seguía siendo un hombre difícil de descifrar, pero al menos ahora tenía una certeza: él hablaba muy en serio sobre el futuro de Jesslyn.
—Necesito tiempo para pensarlo —dijo Harper en voz baja, intentando ser racional.
Darian asintió.
—No te pido una respuesta ahora mismo.
Estaba a punto de darse la vuelta cuando una vocecita familiar sonó desde la puerta del balcón.
—Harper… ¿Mamá…?
Harper se giró rápidamente. Jesslyn estaba de pie en el umbral, abrazando su oso de peluche. Tenía el cabello revuelto de recién despertada y sus ojos mostraban un claro pánico al ver la cama vacía.
Harper se acercó de inmediato y se agachó frente a ella.
—Estoy aquí, cariño. Estoy aquí.
—¿Mamá…? —pensó Darian, confundido.
Jesslyn se lanzó a sus brazos, rodeándole el cuello con fuerza. Unos segundos después, levantó la cabeza y miró tímidamente hacia Darian.
—Tío… —su voz sonaba ronca por el sueño—. No nos vamos a ir, ¿verdad? Harper no va a dejar a Jesslyn… ella es mi mamá ahora.
El balcón se sumió en un silencio absoluto.
Harper cerró los ojos con fuerza durante un segundo. Todas sus preocupaciones sobre la familia Vane, la intimidación de Rosalie y la incertidumbre del futuro desaparecieron de golpe, aplastadas por el miedo que transmitía la inocente pregunta de su sobrina.
Jesslyn tenía un terror profundo a ser abandonada, y Harper no soportaría ver sus lágrimas otra vez.
Le acarició el cabello con todo el cariño del mundo y luego giró lentamente la cabeza para mirar a Darian.
—Lo haré.
Darian pareció sorprendido por un momento; no esperaba que tomara la decisión tan rápido.
Harper respiró hondo, armándose de valor antes de continuar:
—El matrimonio por contrato… acepto.







