Mundo ficciónIniciar sesión—¿Qué significa todo esto, Darian?
La voz de una mujer rompió de golpe la tranquilidad de la mansión, llenando el ambiente de una tensión repentina. Harper giró la cabeza hacia la puerta principal.
Una mujer de mediana edad estaba allí, vestida con un elegante abrigo oscuro y una expresión difícil de descifrar. En cuanto su mirada afilada se posó en Jesslyn, el cuerpo de la niña se tensó de miedo.
Rosalie Vane se acercó sin decir mucho. El sonido de sus tacones resonaba con regularidad sobre el suelo de mármol hasta que se detuvo justo frente a Darian.
—Recibí una llamada de Marcus —dijo Rosalie con tono frío—. Me dijo que había algo que debía ver de inmediato.
Darian no pareció sorprendido por la llegada repentina de su madre.
—Los resultados de la prueba de ADN ya están listos.
Rosalie frunció ligeramente el ceño cuando Darian le entregó el sobre gris. El silencio se apoderó de la habitación mientras ella leía página por página. Poco a poco, su expresión cambió.
—¿Tienes una hija? —preguntó en voz baja. Su tono no se elevó, sino que se mantuvo demasiado calmado, lo que hizo que el ambiente se volviera aún más intimidante.
Darian respondió con brevedad:
—Sí.
Rosalie levantó la cabeza lentamente y su mirada volvió a fijarse en Jesslyn. Al sentirlo, la niña retrocedió y se pegó al cuerpo de Harper, abrazándola por la cintura con fuerza.
Rosalie observó esa interacción durante unos segundos con una expresión indescifrable. Sin embargo, Harper pudo percibir el juicio cortante en los ojos de la mujer.
—¿Desde hace cuánto sabías de la existencia de esta niña? —preguntó Rosalie sin apartar la vista de Jesslyn.
—Desde anoche.
Rosalie finalmente dirigió su atención a Harper.
—¿Tú la has criado?
La pregunta dejó a Harper callada un segundo antes de asentir.
—Sí.
—¿Sola?
—Desde que mi hermana murió.
Rosalie no respondió de inmediato. Su mirada bajó hacia Jesslyn, que seguía escondiéndose detrás de Harper mientras abrazaba con fuerza su oso de peluche desgastado. La niña parecía muy alerta, con una actitud que mostraba que ya estaba acostumbrada a temer a los desconocidos.
—¿La trajiste a vivir aquí? —preguntó Rosalie, volviéndose hacia su hijo.
—Sí.
El ceño de Rosalie se profundizó.
—Darian, esta no es una decisión que puedas tomar de la noche a la mañana.
—Lo sé.
—La familia Averil está preparando una cena para formalizar el compromiso la semana que viene.
Harper giró ligeramente la cabeza al oír la palabra "compromiso". Darian, en cambio, no se inmutó.
—Nunca aprobé ese plan —respondió él con frialdad.
—El problema no es tu aprobación —el tono de Rosalie se volvió más gélido—. Ahora ha aparecido de repente una niña que es la heredera legítima de la familia Vane.
Jesslyn hundió aún más el rostro en el cuerpo de Harper al escuchar ese tono. Harper, al notarlo, le acarició suavemente la espalda.
—Tranquila —susurró para calmarla.
Rosalie observó en silencio el gesto de Harper.
—Parece que la niña depende mucho de ti —comentó en voz baja.
Harper no supo muy bien qué responder, porque era la verdad.
—Ella ya ha perdido demasiado en la vida —dijo finalmente.
Rosalie guardó silencio unos instantes. Antes de que la atmósfera empeorara, Darian se acercó a Jesslyn y se agachó frente a ella.
—¿Tienes miedo? —preguntó.
Jesslyn asomó la cabeza con cautela desde detrás de la cintura de Harper. Esta vez negó suavemente con la cabeza. Tal vez porque se dio cuenta de que Darian no la miraba con la misma rabia que Rosalie.
Darian contempló su pequeño rostro durante unos segundos y luego habló con un tono mucho más suave:
—Ve a la habitación y descansa un rato.
Jesslyn levantó la mirada hacia Harper, pidiendo permiso. Cuando Harper asintió, la niña se dejó llevar de vuelta al piso de arriba.
Sin embargo, incluso después de cerrar bien la puerta de la habitación de invitados, la tensión en el pequeño cuerpo de Jesslyn no desapareció del todo. La niña se lanzó a abrazar a Harper con todas sus fuerzas.
—¿Nos van a echar otra vez? —preguntó con voz temblorosa.
La pregunta dejó a Harper sin palabras. Una niña de su edad no preguntaba por juguetes nuevos ni por ropa bonita; lo único que temía era volver a quedarse sin un hogar.
Harper se sentó en el borde de la cama y le acarició el cabello con ternura.
—Todavía estamos aquí, Jesslyn.
—Pero esa señora de antes parecía enfadada…
—Sí —Harper sonrió levemente, intentando aligerar el ambiente—. Solo estaba sorprendida.
Jesslyn bajó la cabeza y empezó a jugar con la oreja desgastada de su oso de peluche.
—Siempre hacemos enfadar a la gente, ¿verdad…?
Esa frase inocente cargada de culpa le provocó un dolor profundo en el pecho a Harper.
—No es tu culpa, cariño. Para nada.
Jesslyn levantó poco a poco la cara.
—Si Harper se va… Jesslyn quiere ir contigo.
Harper ya no pudo contenerse. Atrajo a la niña hacia sus brazos y la abrazó con fuerza. Las lágrimas rodaron por sus mejillas sin que pudiera detenerlas.
Desde que Brianna murió, Harper le había dado todo el cariño que Jesslyn no pudo recibir de su madre biológica. Creía que con eso bastaba, pero la niña anhelaba algo más: un verdadero hogar donde poder apoyarse.
Pasaron unos minutos en un silencio cargado de emoción antes de que Jesslyn hablara de nuevo, casi en un susurro:
—Harper…
—¿Hm?
Jesslyn dudó un buen rato.
—¿Puedo… —su voz era tan bajita que casi se perdía en el silencio de la habitación— llamar a Harper… Mamá?
El aliento de Harper se quedó atrapado en su garganta. Se quedó mirando el rostro de Jesslyn durante un largo momento, hasta que la niña empezó a ponerse nerviosa.
—Si Harper no quiere… está bien… —murmuró Jesslyn, lista para retirar sus palabras.
Harper negó rápidamente con la cabeza.
—No es eso —respondió con la voz ronca de repente.
Jesslyn se asustó al ver que las lágrimas de Harper caían con más fuerza.
—Harper, no llores…
Harper soltó una risa suave entre sollozos y apretó a la niña contra su pecho.
—Sí puedes —susurró con firmeza—. Claro que puedes.
El cuerpo de Jesslyn se quedó inmóvil unos segundos, como si no pudiera creerlo.
—¿De verdad?
Harper asintió con seguridad mientras se limpiaba las lágrimas de las mejillas. Y por primera vez desde que habían llegado a esa enorme mansión, una sonrisa amplia y radiante iluminó el rostro de Jesslyn.
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Mientras tanto, el ambiente en el despacho de Darian era mucho más frío. Rosalie estaba de pie junto al escritorio, lanzando una mirada afilada a su único hijo.
—¿Eres consciente de lo que le pasará a nuestros negocios y a nuestro apellido si se filtra la noticia de esta niña?
Darian no respondió de inmediato. Se quitó el reloj cronógrafo con movimientos tranquilos y lo dejó sobre la mesa.
—No me importa.
—¡Claro que tienes que importarte, Darian! —Rosalie contuvo la respiración un momento, intentando controlar su furia—. La familia Averil no se quedará callada ante esta humillación.
—Nunca pedí ni acepté ese compromiso desde el principio.
Rosalie soltó una risa corta y sarcástica.
—El problema ya no es solo el compromiso —su mirada se volvió extremadamente seria—. Has traído a dos desconocidas a vivir en esta casa sin ningún origen claro.
—No son desconocidas.
—Darian —Rosalie sonaba cansada de su actitud—. Ni siquiera conoces realmente a esa mujer.
Darian no lo negó de inmediato, porque en el fondo sabía que su madre tenía razón. Realmente aún no conocía a fondo a Harper Collins.
Pero había algo de lo que estaba seguro: Jesslyn dependía enormemente de Harper, y eso era más que suficiente.
—¡Solo quiero hacerme responsable, como un padre debe hacer con su hija! —respondió Darian con firmeza.
Rosalie se quedó callada al oír sus palabras.
La mirada de Darian se volvió más dura y fría, como si su decisión fuera innegociable.
—Puedes solucionarlo de otra forma, Darian. ¡Con dinero! El dinero puede arreglarlo todo —sugirió Rosalie, suavizando la voz con la esperanza de que aceptara y prefiriera a la señorita de la familia Averil.
—¡No voy a hacer eso! Mi decisión ya está tomada. Jesslyn es mi hija y no pienso permitir que se aleje de mi lado.
Las palabras de Darian fueron tajantes. Dio media vuelta y dejó a su madre visiblemente frustrada.
—¡Darian, te has vuelto completamente loco! —gritó Rosalie, llena de exasperación.







