El caos se desató en la sala de espera del hospital como un tsunami de noticias y especulaciones. La televisión, que antes solo era un murmullo de fondo, se había convertido en el centro de atención de todos los presentes. Los titulares se sucedían uno tras otro, cada uno más alarmante que el anterior: «El imperio Montesinos se tambalea», «Los inversores retiran sus fondos», «¿El fin de una dinastía?». El teléfono de Vanessa no dejaba de sonar, y cada llamada era un nuevo frente de batalla que debía atender.Ignacio, desde su cama de hospital, escuchaba el ruido con los ojos cerrados, sintiendo cómo cada palabra de los periodistas era una puñalada más en su orgullo. El dolor físico se había desvanecido, pero el dolor emocional era un abismo que no tenía fondo. Había perdido la capacidad de tener hijos, y con ella, la certeza de que su linaje sobreviviría. La cláusula del acuerdo familiar, que había sido su salvación, ahora se convertía en su sentencia de muerte.—Apaga eso —dijo, con
Leer más