El líder de los hombres de Lorenzo me apuntaba directamente al pecho. Su sonrisa era fría, calculadora. Pero antes de que pudiera disparar, Rowan se interpuso entre nosotros, con los puños apretados y los ojos verdes brillando con furia.—Si quieres tocarla —dijo, con la voz helada—, tendrás que pasar sobre mí primero.El líder soltó una risa burlona.—Con gusto, Knight.Levantó el rifle para disparar, pero en ese instante, una flecha silbó en el aire y se incrustó en su hombro. El hombre gritó de dolor y el rifle cayó al suelo.—¡Tú! —gruñó, mirando hacia la oscuridad.Luna apareció entre los árboles, con un arco en la mano y una expresión de determinación en el rostro.—Este lugar es sagrado —dijo, con la voz firme—. Y los que vienen a profanarlo pagan con sangre.La comunidad indígena se había unido a la batalla. Hombres y mujeres, con arcos y lanzas, luchaban codo a codo con nosotros, protegiendo la flor "Luna de Medianoche" con sus propias vidas.—¡Por Elena! —gritó el anciano, l
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