La amenaza de Lorenzo resonaba en mi cabeza como un eco constante. "Buena suerte con tu pequeña perfumería. Todo lo que tienes me pertenece." Pero esa noche, mientras Rowan dormía a mi lado, tomé una decisión. No iba a dejar que el miedo me paralizara. No iba a permitir que Lorenzo ganara.
A la mañana siguiente, bajé al desayuno con una determinación renovada. Rowan ya estaba sentado en la mesa, con el periódico abierto y una taza de café humeante entre las manos. Cuando me vio, levantó la cabe