La noche anterior había sido larga y llena de inquietudes. No pude dormir. Cada vez que cerraba los ojos, veía a los hombres armados de Lorenzo acechando entre los árboles. Y en mi mente, una pregunta resonaba una y otra vez: ¿sería capaz de proteger la flor de mi madre?
Rowan se despertó a mi lado y me rodeó con el brazo.
—No has dormido, ¿verdad?
—No podía. —Apoyé la cabeza en su pecho—. Hoy es la noche. La flor florece. Y Lorenzo está ahí afuera, esperando.
—Lo sé. —Me besó la frente—. Pero