El silencio que siguió a mi pregunta no fue un espacio de tiempo, fue un abismo que se abrió entre nosotros, tan vasto y profundo que temí que si alguno de los dos se movía, caería en él para siempre. Kyler se quedó petrificado, con la mirada todavía fija en las fotografías esparcidas sobre la mesa. Su mano derecha, que hace un instante buscaba la mía con una urgencia casi desesperada, se cerró con fuerza hasta que los nudillos se le pusieron blancos.—Alissa, por favor... —su voz ya no era la de un hombre desesperado por salvar a una mujer; era la de un hombre que, viendo sus defensas caer, intentaba desesperadamente buscar una grieta por donde escapar—. Esto no es lo que parece. Hay una explicación, te lo juro. Déjame hablar, solo un minuto, y te explicaré cada detalle, cada sombra, cada mentira.Solté una risa amarga, un sonido que me resultó extraño incluso a mí misma, como si saliera de una garganta que no me pertenecía. Caminé alrededor de la mesa, moviéndome como un animal enja
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