-¿Así? ¿Y según usted, por qué? -Querida... para nadie en este círculo es un secreto que tú y mi querido sobrino tienen graves problemas matrimoniales. Sintiendo que la tierra se abría bajo mis pies, le pregunté con el alma en un hilo: -¿Cómo lo sabe?... ¿Diego se lo dijo? -Sí, por supuesto. Y también me dijo la razón de sus peleas -aseguró ella, acomodándose en la silla frente a mí. ¡Dios mío, cómo pude ser tan tonta para creerle cada una de sus malditas mentiras! -¿Y cuál es esa supuesta razón? -le pregunté, insistiendo, devorada por la curiosidad y los celos. -Ay, no sé si deba decírtelo, de verdad... Es que Diego me lo confesó como un secreto de estado -me dijo, bajando la voz y fingiendo una discreción que no tenía. -Está bien, no se preocupe, yo no le diré que usted me lo contó -le supliqué, cayendo redondita en su trampa-. Por favor, dígame, ¿qué le dijo? Carlota suspiró dramáticamente, se inclinó hacia adelante y me miró con una falsa compasión que
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