Al cabo de unos días, tuve que asumir formalmente mi posición como presidenta y administradora de la empresa constructora y de todos los bienes heredados por don Marcos. Los primeros días fueron un torbellino de juntas, firmas de abogados y carpetas de licitaciones que me dejaban exhausta. Sin embargo, lo que más me tenía sorprendida no eran los negocios, sino que Marcos Jr. y Carlota hubieran empacado sus maletas y desalojado la mansión de un momento a otro, argumentando de manera muy digna q