La iglesia era un lugar sacado de un cuento de hadas. No era una iglesia cualquiera. Era la capilla privada de una mansión antigua, en las afueras de la ciudad, rodeada de jardines inmensos y fuentes de agua cristalina. Las paredes eran de piedra blanca, cubiertas de hiedra verde que subía hasta los vitrales. El techo era alto, con vigas de madera tallada que sostenían una estructura que parecía flotar.El sol de la tarde entraba por los vitrales, pintando el suelo de colores. Azules. Rojos. Amarillos. Verdes. Las bancas de madera oscura estaban llenas. Los invitados, vestidos de gala, susurraban entre ellos. Las cámaras de los periodistas apuntaban hacia el altar. La orquesta, acomodada en un balcón, afinaba los instrumentos.En el altar, Joaquín esperaba.Estaba imponente. Su traje era azul marino, casi negro, de corte impecable. La camisa blanca, los dos botones superiores abiertos. Sin corbata. El cabello peinado hacia atrás, pero con un mechón rebelde cayendo sobre su frente. Los
Ler mais