Mara recorría la villa con pasos lentos, maravillándose de cada rincón. La habitación era enorme. Las paredes de vidrio mostraban el mar turquesa en todo su esplendor. El agua parecía fundirse con el cielo en el horizonte. Las palmeras se mecían suavemente con la brisa cálida. El sonido de las olas era hipnótico.
Había visto el jacuzzi en la terraza, la piscina privada, el vestidor con ropa de todas las tallas y estilos que Joaquín había mandado a preparar antes de llegar. Pero aún no había exp