La iglesia era un lugar sacado de un cuento de hadas. No era una iglesia cualquiera. Era la capilla privada de una mansión antigua, en las afueras de la ciudad, rodeada de jardines inmensos y fuentes de agua cristalina. Las paredes eran de piedra blanca, cubiertas de hiedra verde que subía hasta los vitrales. El techo era alto, con vigas de madera tallada que sostenían una estructura que parecía flotar.
El sol de la tarde entraba por los vitrales, pintando el suelo de colores. Azules. Rojos. Am