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Fachada de Cristal
Fachada de Cristal
Por: Danna _univers
Capítulo 1 Pedida de Auxilio

Ya era pasado las once de la noche, la oficina estaba casi desolada, ya la mayoría de los empleados se fueron, solo los de horas extras daban vueltas en la fría oficina.

El café ya estaba frío y el ambiente se sentía más pesado que de costumbre. Elena miró su reflejo en la pantalla apagada del monitor: el maquillaje empezaba a verse cansado, al igual que sus ánimos. Había pasado mucho tiempo fingiendo que su vida era una línea ascendente de éxitos, cuando la realidad era que los platos se le acumulaban en el fregadero y su autoestima intentaba sobrevivir a duras penas.

​La reunión de exalumnos era en dos días. Su "pareja/ mejor amigo" le acababa de enviar un mensaje cancelando con una excusa barata. Estaba acorralada y desesperada.

​Sus ojos se desviaron hacia el escritorio de al lado y una idea loca cruzo por su mente. Julián estaba ahí como siempre, ordenando sus documentos con una precisión casi quirúrgica.

Tenía esa forma de vestir impecable —siempre con camisas bien planchadas— que le daba un aire de superioridad que a ella solía irritarle. Pero, a diferencia de otros, Julián no hablaba de más, se mantenía en silencio, pero si observaba, y daba ese aire de saber de más. Elena estaba segura de que él había notado que ella siempre evitaba hablar de su vida personal durante los almuerzos.

​Se levantó, sintiendo un nudo en el estómago, y caminó hacia él, seria lo más audaz que haría esta noche, sería su pedida Auxio.

​—Julián —dijo ella, con voz firme pero tensa —Necesito un favor, Algo… bastante grande.

​Él dejó de escribir, pero no levantó la vista de inmediato. Se tomó un par de segundos, como si estuviera analizando el peso de las palabras de ella antes de responder.

Cuando finalmente la miró, sus ojos oscuros tenían esa chispa de sarcasmo que siempre reservaba para ella.

​—¿Un favor grande? —su voz era grave y pausada, bien articulada —Por lo general, los favores grandes suelen traer consigo una dosis considerable de problemas. Y, si mi memoria no me falla, los problemas son lo último que necesitas ahora mismo.

​Ella apretó los puños contenido su filosa lengua, aún debia de guardar compostura, porque él podría ser su última opción, respiro hondo y siguió hablando.

​—Necesito que seas mi pareja en una reunión este viernes. Solo por unas horas. Necesito que alguien que sepa mantener la compostura y que no parezca que está fuera de lugar… me acompañe. Y tú eres el único que encaja en la descripción.

​Julián se echó hacia atrás en su silla, dejando escapar una risa corta y seca. Se quedó en silencio, observándola con una intensidad que hizo que Elena se sintiera expuesta, como si él pudiera ver a través de su fachada de éxito hasta llegar al caos real.

​—¿Así que quieres que sea tu accesorio de lujo para impresionar a gente que, estoy casi seguro, ni siquiera te agrada? —dejó un silencio calculado, saboreando el momento —Qué oferta tan tentadora, casi me conmueve tu desesperación.

Se hizo un silencio, de por sí ya el sitio ya se encontraba en un silencio que ahogaba.

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