Elena lo miró, estupefacta. El viento de la noche le movía el cabello, pero el frío que sentía no era por el clima, sino por la adrenalina y el miedo que todavía le recorría las venas.
—¿Interesante? —repitió ella en un susurro, asegurándose de que nadie más en la terraza pudiera escucharlos —Julián, tiene información que podría destruirme, tu reputación también se veria afectado, si se descubre que tu novia es una fachada, por no hablar de lo que le haría a lo poco que queda del nombre de mi