Yo tenía la carta entre las manos y aun así me costaba creer que fuera real. La hoja parecía demasiado sencilla para cargar tanta oscuridad. Papel blanco, membrete discreto, una fecha de días antes de la gala y una firma que ya estaba empezando a provocarme náuseas con solo verla.Renata Armand.Elegante hasta para dejar rastro.Mateo dormía en el sofá, con Bruno atrapado debajo de su brazo y una manta cubriéndole apenas las piernas. Sofía estaba de pie a mi lado, mirando la carta por encima de mi hombro, en un silencio raro para ella. Y cuando Sofía se quedaba callada, una sabía que la cosa estaba fea. Fea de verdad. Fea con tacones caros y perfume de mujer peligrosa.Volví a leer la frase subrayada.Debe estar tranquilo esa noche. No podemos permitir otra escena.Tranquilo.Esa palabra, en una familia normal, podía significar dormir bien, bajar la voz, respirar profundo, tomar agua y no pelear durante la cena. En el mundo de Renata Armand, en cambio, podía significar no poder abrir
Leer más