34.
Había mirado esa foto una y mil veces.
No importaba cuántas veces intentara no recordarla. Siempre volvía. Isabela saliendo de la habitación de Damián con su camisa puesta, el cabello algo desordenado, el rostro inclinado apenas hacia un lado, como si la hubieran atrapado en un momento íntimo que no necesitaba explicaciones. Esa imagen había sido suficiente para romperme. Suficiente para hacerme guardar silencio. Suficiente para que cada pregunta que quise hacer se me muriera en la boca antes d