33.
Yo tenía la carta entre las manos y aun así me costaba creer que fuera real. La hoja parecía demasiado sencilla para cargar tanta oscuridad. Papel blanco, membrete discreto, una fecha de días antes de la gala y una firma que ya estaba empezando a provocarme náuseas con solo verla.
Renata Armand.
Elegante hasta para dejar rastro.
Mateo dormía en el sofá, con Bruno atrapado debajo de su brazo y una manta cubriéndole apenas las piernas. Sofía estaba de pie a mi lado, mirando la carta por encima de