40.
Damián sintió que el café, la gente y el ruido del hotel se le iban lejos.
Isabela acababa de decirle que él también había escrito una carta, y lo peor era que una parte de él le creía.
Porque claro. En esta historia no bastaba con una carta robada. Tenía que haber dos. El drama, al parecer, venía en combo familiar.
Se quedó mirándola, quieto, con las manos sobre la mesa y la mandíbula tan apretada que por un segundo Isabela tuvo la inteligencia de no sonreír. Ella, que siempre parecía tener un