38.
Yo había sobrevivido a amenazas, denuncias, fotos falsas, cartas venenosas, bitácoras horribles y revelaciones que parecían sacadas de una serie criminal carísima, pero aparentemente lo que podía acabar conmigo era elegir qué galletas comprar para Damián Armand.
Ridículo.
Muy mío, pero ridículo.
Estaba parada frente al estante del supermercado con una bolsa de galletas con chispas de chocolate en una mano y otra de vainilla en la otra, como si de esa decisión dependiera la estabilidad emocional