Esa noche fue imposible para Masaki sacar de su mente la sonrisa y la mirada de Akira. Aquella chica era realmente hermosa. Mas… no era su belleza lo que parecía atraerle, era algo más difícil de explicar y de entender. De pronto vino a su mente un recuerdo, ese recuerdo que a pesar de su fugacidad, aún permanecía en su memoria, atesorado: Azumy. Ese era el nombre de aquella geisha que conoció mucho tiempo atrás, cuando apenas tenía dieciocho años. *** Esa tarde Masaki llegó al bar. Estaba perturbado con la noticia que su padre acababa de darle. —Te casarás con Sora, es una buena mujer, además de poseer una de las fortunas más grandes del país. —¡Padre, no quiero casarme con alguien a quien no amo! —Masaki, el amor es un sentimiento para débiles. Tienes que entenderlo. Cuando te enamoras pierdes el norte. —aseveró—. Luego se vuelve difícil, y casi imposible, retomar tu camino. —Quisiera decirte que tienes la razón, padre. Pero eso sería tener que aceptar que nunca has am
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