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Koino Yokan (amor a primera vista)

—No sé como pude dejar que me convencieras, Kenji —dijo a su hermano menor.

—Vamos Masaki, no podía verte así. —replicó—. Sé que amabas a Sora, pero la vida continúa hermano.

Masaki exhaló profundo.

—Lo sé, sólo que duele continuar sin ella a mi lado. —respondió con pesar.

—No hablemos ya de ello. Si te traje es para que disfrutes del espectáculo esta noche. —sonrió—. Hoy debuta una nueva Geisha.

—Creo que debería irme.

El CEO intentó levantarse, pero justo en ese momento, la bailarina salió al escenario. Masaki tuvo que sentarse por respeto a la debutante.

Akira, descubrió su rostro, apartando sutilmente el abanico que llevaba en su mano izquierda encontrándose con la mirada triste de Masaki. Como si el tiempo se hubiese detenido momentáneamente, ambos se miraron sin pestañear.

Dicen que existe un momento mágico llamado Koino yokan, cuyo significado es “conocer a alguien de quien te enamorarás irremediablemente”.

Akira reaccionó cuando escuchó el sonido agudo del koto. Masaki, en cambio, lo hizo cuando sintió el golpe de su hermano en el costado.

—¿Qué? —volteó a verlo.

—Viste la mirada que te lanzó.

—No comiences. —replicó— Como puedes decir que era a mí a quien miraba si hay varias personas aquí. —murmuró en voz casi inaudible.

La hermosa Geisha sintió como si su cuerpo vibrara desde adentro. Cada movimiento era espontáneo, genuino, improvisado. En un primer momento, se sintió algo nerviosa e intentó cumplir con la coreografía que había estado practicando todo esos meses para no errar. Mas, algo cambió dentro de ella.

Era como si su cuerpo fuese movido por una extraña energía que nacía desde su vientre y se expandía por todo su interior hasta terminar en sus manos donde los abanicos se mecían de forma armónica y se acompasaran con el sutil movimiento de sus caderas.

—Wow! Es realmente hermosa —exclamó Kenji.— ¿No lo crees? —insistió.

—Deja de querer meterme a esa chica por los ojos. —gruño— entiende que no soy como tú.

—Eso fue un golpe bajo, querido hermano. Yo sólo quiero que sonrías.

Masaki y Kenji eran realmente unidos; a pesar de ser los dos menores de la familia Nakamura, se habían encargado de apoyar a su padre con la empresa desde muy jóvenes. Lo que Nakamura Tecnologich era en la actualidad, se debía al arduo trabajo de ellos dos. Su hermano Kazu era el mayor de los tres, y en consecuencia siempre se sintió el merecedor de las riquezas de su padre, sin trabajar en ello. Por lo que Masaki y Kenji formaron una dupla inseparable, era común verlos juntos e incluso guardar algunos secretos, uno del otro.

Akira continuó danzando sin parar y sin dejar de buscar en cada giro que daba, la mirada de Masaki. Aquel hombre lograba envolverla en su halo de misterio. Cuando la música finalizó, los clientes aplaudieron de forma efusiva, ella se retiró del escenario y volvió rápidamente a su habitación.

Hana se aproximó a los dos empresarios y los saludó con una reverencia. Kenji se levantó para ofrecerle un lugar en su mesa.

—Bienvenida —dijo ofreciéndole asiento.

Masaki sonrió levemente al verla sentarse.

—¿Invitas a tu nueva bailarina a sentarse con nosotros y compartir un Sake? —propuso Kenji.

—¿Te refieres a Ame? —preguntó para confirmar su petición, aunque en el tono de su voz se notaba cierta incomodidad.

—¡Ame! —intervino Masaki—. Lindo nombre

—¡Ya regreso! —contestó Hana.

Se puso de pie y fue hasta la habitación de Akira.

Mientras Hana se alejaba, Masaki increpó a su hermano.

—No debiste pedir que la trajeran, no tengo ánimo de conversar con nadie, Kenji.

—¿Conversar? Nadie ha dicho que debas hacerlo, con ser amable con Ame, basta. —esgrimió el más joven—. Tu obstinada manera de ser, es suficiente para alejar a cualquier mujer.

—Nunca aprenderás a guardar silencio.

—¡Jajajaja! —rio Kenji antes de decir aquella frase que meses después se volverían un presagio.— cuando muera, tendré bastante tiempo para quedarme en silencio. —bromeó.

La conversación fue interrumpida cuando el mesero llegó con la botella de la bebida y los vasos limpios para los dos clientes y su invitada.

—La señora Hana, envía el servicio especial de la casa para ustedes.

Ambos sonrieron. En especial Kenji, quien desde hacía muchos años mantenía una relación amorosa con la okasan. Y ese, era quizás, uno de los pocos secretos que no se había atrevido a contarle a su confidente y hermano.

Las dos mujeres se aproximaron a la mesa. Kenji volvió a ponerse de pie para recibirlas, mientras Masaki observaba el hermoso rostro de Akira, perfectamente delineado.

—Ellos son, el señor Masaki Nakamura y su hermano, el señor Kenji Nakamura. —dijo Hana presentándole a los prestigiosos empresarios.

Minutos antes de ir a la mesa, ya le había puesto sobre aviso de quienes eran y cómo debía actuar y comportarse frente a ellos.

—Bienvenida, Ame. —contestó Kenji con voz amable.

—Arigato —se inclinó levemente hacia adelante.

Akira se sentó en la silla que daba frente con Masaki, y Hana, al lado de su antiguo amante.

Kenji, quien se caracterizaba por ser un experto comunicador, estuvo durante casi toda la noche hablando sin parar. Tenía la habilidad de sacar de cualquier palabra una extensa conversación, a diferencia de Masaki que era más racional e introvertido. Aquella particular combinación de caracteres, resultaba perfecta en los negocios, mientras Masaki creaba las estrategias de ventas, Kenji persuadía a los compradores.

Akira participó animadamente de la conversación, aunque a ratos guardaba silencio y cruzaba su mirada con la de Masaki por unos segundos y luego, terminaba esquivándolo. Era como si él con sólo verla, pudiera leerle los pensamientos.

El CEO, en cambio, buscaba aquel encuentro con insistencia, como si deseara desvelar el misterio que había en sus profundos ojos, amielados. Él la detallaba como quien detalla una piedra preciosa, con admiración, contemplativamente.

De forma repentina, Masaki metió la mano en su bolsillo y extrajo, su reloj. Miró a Akira y luego se inclinó ligeramente hacia su hermano.

—Debemos irnos. —susurró—. Mañana tenemos la reunión con los nuevos inversionistas.

—Vamos, Masaki solo un poco más. —respondió a la petición de su hermano dejándolo ver frente ambas mujeres, como un aburrido.

—Puedes quedarte, si lo deseas —dijo con voz firme y se levantó de su asiento.

Akira sintió un vacío en el pecho. Por alguna inesperada razón, no deseaba que él se marchara.

—Tú ganas, como siempre. —replicó Kenji, encogiéndose de hombros.

Se despidió besando con un gesto caballeroso, la mano de ambas mujeres.

—Realmente un placer conocerte, Ame.

Hana aplanó sus labios, forzando una sonrisa.

—Igualmente señor Nakamura. —contestó Akira con voz suave.

Masaki, en cambio, levantó sus manos y con un gesto hizo una reverencia para despedirse de ambas mujeres como si deseara mantener más allá de respeto, distancia.

—Buenas noches para ustedes, hermosas damas.

Ambos hombres se retiraron mientras Akira sentía una rara sensación de abandono.

¿Quién era aquel hombre?

¿Por qué lograba perturbarla de esa manera sin que ella pudiera evitarlo?

No había pronunciado demasiadas palabras, y aun así… su presencia había sido suficiente para alterar el ritmo de su respiración.

La forma en que la observó la hizo sentirse expuesta, como si hubiera desnudado algo más profundo que su rostro cubierto de maquillaje blanco.

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