Noah caminaba lentamente por el pasillo de la clínica con Olivia tomada de la mano. Sus pasos eran pausados, casi calculados, mientras el característico aroma a desinfectante envolvía el ambiente. Cada pocos segundos giraba a mirarla, como si necesitara comprobar que realmente estaba bien.—Ratoncita, ¿no quieres que te cargue?Olivia soltó una pequeña risa.—No, amor, por favor. Puedo caminar y, además, así llegamos más rápido.—No importa cuánto tardemos.Noah entrelazó con más fuerza sus dedos.—Mientras no hagas un esfuerzo innecesario, esperaré lo que sea.Ella negó divertida.—Estoy bien.Él la observó unos segundos más antes de preguntar otra vez:—¿Tienes hambre? ¿Algún antojo? Podemos comprar algo antes de entrar.—Noah...Ella sonrió con ternura y se sentó, Noah se sentó a su lado y besó su mano.—Comimos antes de salir y, además, me compraste mango, chocolates y golosinas. De verdad estoy bien.Él soltó el aire.—Está bien... perdón. Solo no quiero que te sientas incómoda.
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