Pasaron varios minutos antes de que James abandonara la clínica, se habia dedicado a hacer todo el papeleo, cuando al fin llegó a la empresa, uno de los guardias lo condujo hasta una antigua bodega que utilizaban para almacenar archivos y documentos que ya no tenían utilidad. El lugar estaba prácticamente vacío, iluminado apenas por unas luces amarillentas que colgaban del techo. En el centro de la habitación, sentado en una silla metálica y con las manos esposadas detrás de la espalda, estaba Alberto Hale.Su rostro perdió todo color al ver entrar a James.—Señor Hale, me gustaría decir que es un gusto verlo, pero la verdad es que no, sobre todo después de lo que le hizo a su propia hija.—Yo no le hice nada.James soltó una risa fría que no tenía nada de humor.—¿No? Qué curioso. El hombre que retenía a Olivia dijo exactamente lo contrario. Según él, usted fue quien organizó todo.—No. Eso no puede ser. Mi hijo jamás diría algo así. Además yo no quería hacerle daño a Olivia, solo la
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