Los días continuaron pasando y, poco a poco, Olivia comenzó a sentirse cada vez más fuerte. Su color había regresado, ya no se mareaba con tanta facilidad y caminar unos cuantos minutos por la casa había dejado de ser una misión imposible. Noah seguía vigilándola con el mismo exceso de protección de siempre, pero verla recuperar lentamente la energía hacía que el miedo que llevaba instalado en el pecho desde el secuestro comenzara, por fin, a disminuir.
Aquella mañana habían acudido nuevamente