La puerta de la oficina se abrió de golpe.
Mirella entró hecha una furia, lanzó la cartera contra el sofá y comenzó a caminar de un lado a otro con la respiración agitada.
—¡Maldito Noah Lancaster! ¡Te odio! ¡Te juro que me las vas a pagar! ¡Nadie me humilla de esa manera!
Su pecho subía y bajaba con violencia. Sus ojos azules ardían de rabia y sus manos temblaban tanto que parecía estar a punto de romper cualquier cosa que encontrara a su paso.
La puerta volvió a abrirse y entró Mike, su mano