La oficina volvió a sumirse en un ambiente gélido. El silencio era tan pesado que incluso la secretaria sintió un escalofrío al observar el rostro completamente inexpresivo de Noah. Él levantó apenas una mano, haciéndole una discreta señal para que abandonara la oficina.
—Puede retirarse.
—Sí, señor Lancaster.
La mujer salió de inmediato, cerrando la puerta con cuidado.
Solo entonces Noah volvió a apoyar la espalda contra el respaldo de su silla. Cruzó lentamente una pierna sobre la otra sin ap