Alessandro la separó sutilmente de su pecho, tomándola por los hombros. La gravedad en su rostro no había desaparecido, pero ahora estaba teñida de una resolución diferente, mucho más imponente. —De hecho —continuó él, clavando sus ojos en los de ella con una fijeza magnética—, es el momento perfecto para terminar con esas estupideces de los pasillos y dejarle claro a Alan, a Emma y a todo mi entorno quién eres tú en mi vida. Bianca lo miró con extrañez, parpadeando. —¿A qué te refieres? —preguntó en un susurro. Alessandro sonrió de medio lado, una expresión cargada de orgullo y poder absoluto. —Este sábado, uno de los clientes y socios comerciales más importantes de la firma, el viejo inversionista Harrison, dará una gala exclusiva en su mansión de la colina. Toda la élite empresarial, la prensa de alta sociedad y mis competidores estarán ahí. Y quiero que vengas conmigo, Bianca. Te estoy invitando formalmente como mi pareja. A Bianca se le dio un vuelco el corazón, esta vez p
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