Alan tragó saliva con dificultad, sintiendo cómo el nudo en su garganta se apretaba un poco más mientras asimilaba las implicaciones de lo que Bianca acababa de proponer. El pánico ciego que le había paralizado el rostro apenas unos minutos antes comenzó a transformarse en una especie de resignación fascinada, una mezcla de terror y asombro ante la mujer que tenía enfrente. Se cruzó de brazos sobre el pecho, intentando recuperar desesperadamente una pizca de la postura profesional y la dignidad