Al día siguiente, la rutina en la mansión Riva continuaba con su habitual e imponente frialdad, como si la noche anterior no hubiera sido el escenario de una guerra. Alan se encontraba de pie en el imponente despacho, justo al lado del gran escritorio de caoba, ayudando a Alessandro a organizar la agenda de la próxima cumbre de negocios en Europa. Desde que se había despertado tras la peor noche de su vida, Alan había tenido los nervios de punta; sentía un nudo asfixiante en la garganta y las m