—¿Samyra? ¿Estás bien?La voz de Lewis la alcanzó como si viniera desde muy lejos.Samyra parpadeó, todavía con la vista nublada. El aire frío del exterior le golpeaba la cara, pero no lograba despejarle el pecho.Estaba apoyada cerca de la terraza, con los hombros tensos y las manos ligeramente temblorosas.Se obligó a respirar. Una vez. Dos veces.Y entonces giró.—Sí… estoy bien —respondió, aunque su voz no sonó completamente firme.Lewis la observó con atención. No era una mirada acusadora, sino preocupada. De esas que no exigen explicaciones, pero las reconocen igual.—¿Lo conoces? ¿Verdad?El silencio cayó entre ambos.Samyra bajó la mirada. Sus dedos se cerraron lentamente sobre el borde de su bata. Podía mentir. Podía negarlo. Pero no tenía fuerzas para sostener otra máscara más.—Sí… lo conozco —admitió al fin, casi en un susurro—. Pero eso no importa. Incluso si lo conozco… aquí solo es un paciente. Uno que tiene que sobrevivir.Levantó la vista de nuevo. Esta vez, más firme.
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