—Gracias, profesor Duncan, pero le aseguro que mi vida personal no va a interferir con mi vida profesional.
Samyra sostuvo su mirada durante unos segundos más. Su voz había sido firme, tranquila, completamente profesional.
Después se dio media vuelta y salió de la oficina.
Al abrir la puerta encontró a Elise en el pasillo.
La joven levantó la vista y le dedicó una sonrisa amable.
—¿Todo bien?
—Sí, todo bien —respondió Samyra.
Le devolvió una pequeña sonrisa antes de alejarse por el corredor.
El