En Dubái.
Mohamed estacionó frente al edificio donde vivía Nayla y permaneció varios segundos dentro del automóvil.
No tenía fuerzas para subir. No tenía fuerzas para explicar lo que acababa de ocurrir.
Durante todo el trayecto había intentado convencerse de que existía una solución. Que Nassira se calmaría. Que todo aquello era una discusión más.
Pero en el fondo sabía que no era así.
Esta vez era diferente. Esta vez Nassira había tomado una decisión.
Y parecía irreversible.
Finalmente salió d