—¿Son dos?
La voz de Omar sonó llena de asombro.
Durante unos segundos olvidó el hospital.
Olvidó el cáncer. Olvidó el dolor.
Solo podía mirar el vientre de Samyra.
Una sonrisa sincera apareció lentamente en su rostro. Una sonrisa que ella no había visto en mucho tiempo.
—Alá... qué gran fortuna.
Sus ojos comenzaron a humedecerse.
—Dos hijos...
Samyra sintió que las mejillas le ardían. Aquella reacción la tomó desprevenida. No había esperado verlo tan feliz. No había esperado verlo actuar como