Samyra se quedó completamente inmóvil.
El tiempo pareció detenerse.
Sus ojos se abrieron lentamente mientras observaba al hombre sentado junto a la ventana.
No. No podía ser. Era imposible.
Miles de kilómetros. Meses de distancia.
Lágrimas. Dolor. Recuerdos.
Todo aquello que había intentado enterrar volvió a golpearla de repente.
Omar Al-Sabah. Estaba allí. Frente a ella.
Vivo. Real. Mirándola.
El expediente resbaló ligeramente entre sus dedos.
Mientras tanto, Omar tampoco podía moverse.
Durant