Omar se puso de pie en cuanto vio entrar al hombre.
A pesar de la enfermedad, conservaba la elegancia que siempre lo había caracterizado.
Extendió la mano con una sonrisa cordial.
—Un placer conocerlo, doctor Duncan.
Aníbal Duncan observó aquella mano durante un instante antes de estrecharla.
Su expresión permaneció seria.
—Señor Al-Sabah.
El apretón fue firme. Demasiado firme.
Samyra percibió la tensión de inmediato. Omar también.
Y fue entonces cuando reconoció aquel rostro.
Lo había visto an