Esa misma noche, Omar no pudo dormir.
Por más que cerraba los ojos, el sueño se negaba a llegar.
La mansión estaba en silencio.
Demasiado silencio.
Un silencio que solo le recordaba una cosa.
Samyra ya no estaba allí.
Se levantó de la silla donde llevaba horas sentado revisando documentos sin realmente leerlos.
Sus pasos lo condujeron de manera inconsciente hasta la habitación que había pertenecido a Samyra.
La puerta seguía exactamente igual.
Durante unos segundos permaneció inmóvil frente a e